El espacio, ubicado en pleno corazón del barrio Sucre, surgió de un trabajo comunitario prolongado que la Corporación Viviendo adelanta desde hace más de diez años. Inicialmente, las intervenciones se realizaban en la calle con carpas y entregas directas en andenes prestados. Hoy, esa labor se materializa en una casa dedicada que funciona como punto fijo de acogida.
Al llegar por primera vez, las personas pasan por una entrevista psicosocial donde se recolectan datos básicos de manera voluntaria. No es obligatorio proporcionar información personal para acceder al servicio, lo que elimina cualquier barrera de entrada. Si deciden compartir datos reales, se registran; de lo contrario, reciben un código anónimo.
Una vez ingresados, se les entrega un kit de prevención que incluye insulina (jeringas), agua estéril pura, isopropanol, cazoletas, filtros, condones y torniquetes. Estos elementos buscan minimizar riesgos asociados al consumo inyectable, como infecciones o transmisión de enfermedades.
El centro también suministra medicamentos prescritos para condiciones frecuentes entre los usuarios, tales como tratamientos para VIH, hepatitis, sífilis (incluyendo inyecciones), tuberculosis y otros. Esto asegura continuidad en sus cuidados médicos sin interrupciones.
Desde julio de 2025, hace aproximadamente seis o siete meses, opera la Sala de Consumo Acompañado, un avance clave que permite supervisar el uso de sustancias en un entorno controlado. Allí, se prioriza la seguridad, se educa sobre prácticas menos riesgosas, se evita el uso en zonas de alto peligro como el cuello y se cuenta con espejos para una mejor visualización de venas.
El equipo multidisciplinario incluye psicólogas, trabajadoras sociales y auxiliares de enfermería. Estas profesionales abordan necesidades que van más allá del consumo: acompañamiento a citas médicas, procesos psicológicos, curación de heridas y trámites como la sedulación (reposición de documentos de identidad).
Entre los logros destacados figura la red comunitaria de naloxona, con entre seis y ocho puntos distribuidos donde hay kits disponibles. La comunidad misma ha sido capacitada para responder a sobredosis, lo que ha permitido atender emergencias de forma inmediata y reducir fatalidades.
La gestión comunitaria ha involucrado a diversos actores del barrio durante años, fortaleciendo lazos y transformando percepciones. El centro no solo entrega material higiénico, sino que ofrece una atención mucho más amplia, enfocada en la dignidad y los derechos de las personas.
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