¡Zancadas de gloria! Thalyana es puro oro


Sus manos son su voz y la herramienta con la que rompe todas las barreras.

A Thalyana la vida le puso la zancadilla apenas estaba aprendiendo a abrir los ojitos. Con solo 15 días de nacida, una fiebre brava que no pudieron bajarle en casa terminó siendo una meningitis bacteriana.
Esa enfermedad la dejó hospitalizada dos semanas. Pero el ‘sacudón’ no paró ahí: la niña quedó sorda y, como si fuera poco, le quedó medio cuerpo paralizado. Pero como buena caleña, esta jovencita, hoy con 17 años, no se quedó sentada quejándose, sino que se puso los tenis y hoy es el orgullo de todo el Valle del Cauca.
Su abuela, doña María del Pilar González, se volvió su ángel de la guarda. Juntas se le midieron a cuanta terapia apareció para que la niña recuperara la movilidad, y lo lograron.

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Fue un milagro que alegró a todo el barrio. Aunque la medicina intentó de todo, el silencio se quedó con ella. A los 7 años, cuando vieron que no iba a poder hablar, la mandaron a aprender el lenguaje de señas. Desde ese día, sus manos se convirtieron en su voz y sus ojos en sus oídos.
Después de buscar una mejor vida en España durante tres años, decidieron regresar a Cali para que la joven pudiera terminar el bachillerato.
Thalyana aterrizó en el Colegio Santa Librada, institución que de verdad le mete el hombro a la inclusión y tiene clases especiales para la comunidad sorda.
Pero la calle no es como el colegio; cuenta que andar en el MÍO es un camello porque la gente no sabe señas y a veces los vigilantes o los pasajeros son groseros porque no entienden que ella se comunica diferente.

Thalyana Tarapués es especialista en las pruebas de velocidad de los 100, 200 y 400 metros planos


Zancadas que valen oro
Aunque Thalyana empezó en el patinaje, las barreras para comunicarse con los entrenadores le cerraron esa puerta.
Pero como lo que es para uno es para uno, su tío Gerson Tarapués, que es preparador físico, la convenció de intentar con el atletismo a los 15 años.
¡Fue amor a primera vista! En la pista encontró una familia que hablaba su mismo idioma y donde nadie la miraba raro.
La profe Dora Barreto vio que la pelada tenía “chispa” y una evolución gigante. Y no se equivocó.

Después de brillar en los Juegos Paralímpicos del Eje Cafetero, se fue para Tokio a representar a Colombia en sus primeras Sordolimpiadas. En ese estadio gigante, donde caben 20 mil almas, Thalyana se erizó, pero no se achicó. Se amarró bien los tenis y, junto a sus compañeras, voló en la pista para colgarse la medalla de bronce en el relevo 4x400 metros. “Dije que iba por esa medalla y la conseguí”, cuenta emocionada.
A sus 17 años, Thalyana ya sabe lo que es estar en el podio mundial. Ella no solo corre por un trofeo; corre para romper el silencio, para pedir que en los colegios y en el MÍO tomen conciencia de la necesidad de aprender a hablar con las manos y, sobre todo, para demostrar que los límites son puros cuentos cuando hay ganas de salir adelante.

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