Cuando se menciona la ingeniería química, la imagen que suele aparecer está asociada a fábricas, chimeneas y procesos industriales con alto impacto ambiental. Walid Anka es consciente de esa percepción y no la esquiva. Por el contrario, la toma como punto de partida para explicar que la disciplina también tiene otra cara, una orientada a corregir errores históricos y a producir de manera más responsable con el entorno.
Anka ha desarrollado su trayectoria profesional en proyectos que buscan reducir la huella ambiental de la industria. Ha participado en iniciativas de bioplásticos elaborados a partir de residuos agrícolas, en sistemas biológicos para el tratamiento de aguas residuales y en procesos de captura de carbono que convierten emisiones contaminantes en insumos aprovechables. Son trabajos que avanzan lejos del ruido mediático, pero con impactos concretos en distintos sectores productivos.
Para el ingeniero, la sostenibilidad no es una tendencia ni un valor agregado opcional. Insiste en que se trata de una condición necesaria para que la industria pueda mantenerse en el tiempo. Desde esa convicción, ha construido un discurso que combina rigor técnico con un lenguaje cercano, pensado para públicos que no necesariamente provienen del ámbito científico.
Una de las características que distingue el trabajo de Anka es su forma de comunicar. Cuando habla de bioplásticos, lo hace a través de objetos cotidianos, como bolsas que podrían desaparecer en meses y no en siglos. Al referirse a la captura de carbono, la compara con filtros invisibles que limpian la atmósfera, y cuando menciona los biorreactores, describe microorganismos que trabajan de manera constante transformando contaminantes en compuestos inocuos.
Esa manera de explicar responde a una idea clara, la sostenibilidad no se comprende solo a partir de cifras o informes técnicos, sino a través de imágenes que las personas puedan reconocer en su vida diaria. Anka considera que, si la sociedad entiende los procesos, también puede exigir y apoyar cambios más profundos en la forma de producir.
Su recorrido profesional incluye también dificultades. El ingeniero habla abiertamente de proyectos que no alcanzaron los resultados esperados en sus primeras fases, de pruebas fallidas y de largos periodos de ajustes. Lejos de presentarlos como fracasos, los describe como parte natural del proceso de aprendizaje en la ingeniería.
Además de su labor técnica, Walid Anka dedica parte de su tiempo a la docencia y a la mentoría de jóvenes profesionales. Desde ese rol, insiste en que la formación en ingeniería no debe limitarse a fórmulas y cálculos. Para él, cada decisión técnica tiene implicaciones ambientales y sociales que deben ser consideradas desde el diseño.
En sus clases y espacios de acompañamiento, recuerda que un error en un plano o en un proceso puede traducirse en mayores emisiones, más residuos o un uso ineficiente de los recursos. Por eso, resume su enfoque en una frase que repite con frecuencia: el conocimiento solo tiene sentido si contribuye a mejorar la vida de las personas.
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