La buena noticia la dio el apicultor Nicolas Géant, quien se ocupa de las tres colmenas de la catedral situadas en la sacristía, a un costado del templo.
Géant recibió mensajes y llamadas del mundo entero de personas que preguntaban si las abejas habían muerto por las llamas.
“Era inesperado. Recibí llamados de Europa por supuesto, pero también de Sudáfrica, Japón, Estados Unidos y Sudamérica”, dijo.
En caso de incendio y de los primeros signos de humo, les abejas toman mucha miel y protegen a su reina.
Cada colmena produce en promedio cada año 25 kilos de miel, vendido al personal de Notre-Dame, que las alberga desde 2013.
Se ha vuelto común que se instalen en la capital francesa colmenas en diversos e inesperados lugares, como por ejemplo la Opera de París.
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